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En
su primera edición, Territorios
Digitales propuso una reflexión
acerca de la imparable digitalización
de la música: en apenas una
década, el oyente ha pasado
de insertar discos compactos en un
equipo de música a mover la
rueda de un iPod, confeccionar un
listado de canciones en algún
reproductor multimedia de su ordenador
portátil o cargar toda la discografía
de su artista preferido en el teléfono
móvil. Ahora mismo, todo parece
digital y virtual: llevamos nuestra
discografía completa a cuestas,
atrapada en pequeñísimos
discos duros, los artistas tocan en
directo con la nariz pegada a la pantalla
de un ordenador y hasta los sellos
y distribuidoras comienzan a plantearse
un relevo en los formatos de venta.
No es casual que 2008 haya sido el
año en que más descargas
digitales se han vendido en todo el
mundo.
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